Qué tristeza me dio conocer la noticia de su fallecimiento. Fuimos contemporáneos, ¡con la diferencia que él era “pintudo” y yo negro! Como jugaba de lateral por izquierda como yo, lo admiraba y fue mi espejo futbolístico porque era un jugador con una elegancia que sorprendía. No necesitaba pegarte ninguna patada para quitarte la pelota. Lo descubrí en sus comienzos en las inferiores de Ferro. Se destacó por ser un futbolista elegante. No recuerdo que haya necesitado irse al piso para rescatar una pelota que era del ocasional adversario.
En esos tiempos, supe mucho de su vida porque teníamos un amigo en común, Raúl “Canario” Pérez, quien jugaba de puntero izquierdo en Boca y fue compañero mío en la Selección que participó en los Juegos Olímpicos de 1960 en Tokio. Recuerdo que cuando regresé a Tucumán luego de los Juegos, le comenté a don Roberto Santillán, que era el técnico de Atlético, que además de aportar en ofensiva, en la Selección el “Canario” me colaboraba mucho a la hora de recuperar la pelota. Era mi rueda de auxilio cuando los rivales quería avanzar por mi lateral. Esa función también la hacía en Boca. Como don Roberto era un tipo muy inteligente, hizo que “Juancito” Argañaraz cumpliera esa función. ¡Y vaya que nos dio satisfacciones!
Silvio fue el mejor lateral izquierdo que vi en mi vida y tiene un lugar de privilegio entre los mejores de todas las épocas. Por algo en el Mundial de 1966 lo consideraron el mejor del mundo en su puesto. Hoy nos toca despedir a un grande con todas las letras.